I.  Introducción: el intervencionismo keynesiano

Una de las aportaciones mas notables de la Revolución Keynesiana fue su nueva filosofía del estado y las funciones y compromisos que este asumiría. Fueron precisamente los cambios en el concepto y alcances del estado intervencionista lo que le concedió a la política fiscal Keynesiana simpatías populistas en el ámbito político y remedios reformistas en el plano económico. La trayectoria exitosa del Keynesianismo estuvo ligada a un período largo de crecimiento económico en los países desarrollados y, por otro lado, en los países en vías de desarrollo permitió involucrar al estado en actividades que permitían mantener la posibilidad de un equilibrio social.    Sin embargo, ese equilibrio social no borraba las diferencias en la distribución del bienestar.  No obstante, se creaban las condiciones materiales necesarias para la acumulación de capital, ya través de programas sociales y la producción de bienes por parte del sector público, se facilitaba el acceso de los grupos en desventaja a participar de una fracción del bienestar social. En ese sentido, el estado Keynesiano mantuvo un balance general de consentimiento pasivo de parte de las clases sociales cuyas realidades objetivas ponía sus intereses en conflicto.

El intervencionismo Keynesiano tuvo éxito como propulsor de la actividad económica en aquellos países donde la función del estado era necesaria para atender necesidades del sector privado, llevar a cabo actividades económicas, o servir de puente entre las necesidades del sector privado para llevar a cabo sus iniciativas y los apoyos que el estado debla aportar para lograr objetivos macroeconómicos.        La receta keynesiana incluyó subsidios directos e indirectos, construcción de infraestructura, precios garantizados, políticas arancelarias proteccionistas y otras modalidades de política fiscal que proliferaron dentro de los parámetros de la filosofía y teoría de Keynes. En ese sentido los “policy makers” fueron creativos pues se trataba de una modificación del papel del estado donde, en cierto modo cada estrategia innovadora engrandecía las posibilidades de adaptar la interpretación de la Teoría General a realidades concretas particulares en las diferentes formaciones nacionales. Aunque Keynes, como Smith y Marx, analizaron economías desarrolladas relativas a sus épocas, sus planteamientos, por tratarse de teorías generales, han dado luz para entender procesos económicos en otras economías y formaciones sociales de inferior desarrollo al de sus objetos de estudio.

El intervencionismo Keynesiano no se limitó al aspecto fiscal. De haber sido así, sus alcances hubieran sido muy limitados. Sin embargo, las crisis fiscales que enfrentaron algunas economías en la década de los años 70, puso de manifestó en el largo plazo la crisis de Keynesianismo como teoría y practica. En el plano teórico, la Teoría Keynesiana enfrentó un cuestionamiento fundamental. El modelo separa la recesión y el desempleo de la inflación tomando como parámetro el producto de pleno empleo. El periodo recesivo de 1978 a 1992 demostró que el desempleo y la inflación podían ocurrir simultáneamente y que no eran mutuamente excluyentes como lo presenta el modelo Keynesiano.

Estados Unidos fue uno de los países que protagonizó la crisis depresiva de los años 30, lo que, en algún modo inspiró la revisión de la teoría clásica iniciada por Keynes. Además, fue el país donde, a través del Nuevo Trato de F. D. Roosevelt se implantaron medidas novedosas de participación del estado en la economía. Interesantemente, fue éste también el país donde se inicia la desconfianza en la efectividad de la política económica Keynesiana. Los déficit  fiscales de ciudades, estados y del mismo gobierno federal de Estados Unidos plantearon el cuestionamiento de si habían sido correctas las políticas Keynesianas. Ello provocó no solamente una reflexión a nivel federal sino que obligó al entrante Presidente Gerald Ford a reunirse con economistas destacados como Paul Samuelson, para escuchar sus puntos de vista sobre las finanzas publicas, la política fiscal y la situación general de la economía.  Esto abrió un espacio a otras escuelas de pensamiento económico para presentar alternativas de políticas económicas correctivas. Desde ese momento, comenzó a germinar el auge del monetarismo, que se consolidó eventualmente durante la Presidencia de Ronald Reagan. Hasta hoy, el espacio ganado, por los monetaristasse evidencia en la hegemonía de la Reserva Federal en la política económica estadounidense y la importancia de su actual Presidente Alan Greenspan.

Es de rigor señalar que, para ser operacional, el Keynesianismo debía incluir la reglamentaci6n y regulación por parte del estado en aquellas actividades económicas que contribuyeran al bienestar general de la sociedad. Porque el concepto Keynesiano del estado, distinto a la filosofía clásica del “laissez faire”, plantea un marco mucho más amplio de responsabilidades del estado con la sociedad. De ahí que muchas utilidades públicas como la transportación, las comunicaciones, la energía, el agua, los servicios médicos, la educación y otras actividades fueran incorporadas como parte de sus responsabilidades a través de las corporaciones públicas o empresas estatales. En ese sentido (y en muchos más) el concepto de estado derivado de la filosofía Keynesiana rompía con el modelo de estado que planteaba el liberalismo económico del pensamiento clásico. Las corporaciones públicas constituían monopolios naturales para proveer bienes públicos. Así, el estado garantizaba a la población el acceso de esos bienes mediante una política de precios, en muchas ocasiones subsidiados. El monopolio natural, en muchos casos, constituyó un triunfo de la nación en el control de su riqueza porque ejercía la propiedad estatal sobre sus recursos naturales frente a la explotación extranjera. El Keynesianismo inspiró medidas revolucionarias de nacionalización y estatización de actividades económicas dándole al estado una dirección filosófica y el marco teórico para operar de forma actividades que antes eran realizadas por inversionistas privados, en algunos casos foráneos.

Las reglamentaciones y regulación de las actividades, tanto del estado como las que incidían sobre el sector privado, se fundamentaron, al menos teóricamente, en la protección del consumidor y la representación del interés público. Además, se limitaban los excesos de algunos oligopolios del sector privado. Aunque en todo rigor no son medidas proteccionistas en la aceptación general de ese concepto, cuando se trata de áreas en que el estado posee interés público era proteccionista. Para bien o para mal habla proteccionismo. El libre comercio internacional que ahora se postula como panacea frente al viejo proteccionismo, es cónsono con la desreglamentación de actividades para estimular la llamada libre competencia. Aquí el fin de la reglamentación y regulación es equivalente al derrumbe del proteccionismo para dar Paso al libre cambio.

Leer más-Descargar Artículo