I. Introducción

Las negociaciones para la formalización del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se han convertido en uno de los focos de estudio más apasionantes y, también, de mayor especulación, durante los pasados meses. Desde una y otra perspectiva muchos tratan de anticipar las múltiples consecuencias que tendrá el ALCA sobre los países miembros, particularmente sobre las naciones menos afortunadas de la región.

Independientemente de los argumentos a favor y en contra de esta propuesta de intercambio comercial hemisférico, Puerto Rico se presenta como un caso singular. No sólo se trata de la peculiaridad de su relación colonial con la economía y la sociedad estadounidense, sino de que, junto a Cuba, constituyen los únicos países en la región que no han participado ni podrán participar –aunque por razones distintas—de forma directa en los acuerdos que resulten del proceso.

En ese sentido, es necesario evaluar lo que ha sucedido hasta ahora en el marco de las negociaciones del ALCA, para derivar lecciones que sirvan de referencia a Puerto Rico, tanto ahora, bajo las restricciones que impone la camisa de fuerza que representa su situación política, como cuando finalmente disfrute de los poderes soberanos que le permitan participar de tú a tú en este tipo de negociación. Desde la perspectiva de las economías en vías de desarrollo, las contrapropuestas que surjan sobre la marcha podrían acarrear modificaciones importantes en las presunciones sobre las cuales se montaría el andamiaje de este pacto regional.

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